En el inicio de la Semana Santa, el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, convocó a los fieles a vivir el Domingo de Ramos con una fe profunda y reflexiva, recordando que esta celebración no solo es festiva, sino también un llamado a comprender el sacrificio de Cristo y la fragilidad humana
Al referirse a las procesiones que marcan esta fecha, el prelado destacó su carácter espiritual y pacífico. Como cada año, se realizó una procesión de la iglesia ubicada en el barrio de Santa Lucía, hacia Catedral, encabezada por Rodríguez Vega, admirada por los fieles y turistas.
“Hoy aclamamos a Jesús por las calles, alzando nuestras palmas, nuestras procesiones de hoy, como siempre, son pacíficas, gozosas, se trata de una manifestación amorosa de nuestra fe”, expresó.
Recordó que este día también es el Domingo de la Pasión, por lo que exhortó a los creyentes a profundizar en el relato evangélico.
“Les invito a releerla para meditarla hoy mismo (domingo), o también del lunes al miércoles con mucho provecho”, señaló en referencia a la Pasión según san Mateo.
Durante su mensaje, hizo énfasis en la debilidad del ser humano, al recordar que incluso los discípulos, pese a sus promesas, no lograron mantenerse firmes en el momento decisivo.
“La verdad es que creían tener más valor del que en realidad experimentaron… nosotros, ¿cuánto valor creemos tener?, solo a la hora de la prueba lo sabremos”, reflexionó.
También destacó el episodio de la traición de Judas, subrayando la actitud de Jesús, quien aún en ese momento ofreció una oportunidad de reconciliación.
“A pesar de ese signo hipócrita del traidor, Jesús todavía llamó ‘amigo’ a Judas dándole aún otra oportunidad para el arrepentimiento”, recordó.
El arzobispo advirtió sobre el peligro de la autosuficiencia espiritual, invitando a mantenerse vigilantes ante la posibilidad de fallar.
“Que nadie diga: ‘De esa agua yo no he de beber’, porque podemos hasta ahogarnos en esa agua del pecado… dudar de nosotros mismos nos da la oportunidad de estar siempre atentos para no caer”, expresó.
Asimismo, cuestionó las injusticias que persisten en la sociedad, evocando el juicio de Jesús ante Pilato.
“Todavía hoy, ¡cuántos justos son condenados y cuántos culpables son liberados! La justicia humana, suele ser muy injusta”, afirmó.
Al referirse al momento de la crucifixión, destacó el sentido profundo de las palabras de Cristo en la cruz, no solo como expresión de dolor, sino de confianza en Dios.
“Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?, no fue simplemente la manifestación de un sentimiento, sino también la actitud de confianza”, explicó.
Finalmente, subrayó que la cruz representa la enseñanza central de la vida cristiana: “la cruz es la cátedra más grande de la historia, cátedra de amor, de humildad, de obediencia a la voluntad del Padre”.
En ese contexto, llamó a la solidaridad con quienes sufren en el mundo, especialmente en zonas de conflicto.
“Seamos pues, generosos con nuestros hermanos que viven en medio de este conflicto”, concluyó.
